A las Malvinas las recuperaremos con Soberanía Popular

Por: Lisandro M. Teszckievicz y Renato L. Vannelli

“Las Jefas y los Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y el Caribe reunidos en la Cumbre de la Unidad, reafirman su respaldo a los legítimos derechos de la República Argentina en la disputa de soberanía con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte relativa a la  Cuestión de las Islas Malvinas” (Cancún, México, febrero de 2010)

Este extracto corresponde a la  “DECLARACIÓN SOBRE LA  CUESTIÓN DE LAS ISLAS MALVINAS” emitida por los países de América Latina y el Caribe, y que incluyó la firma de países miembros del Commonwealth de nuestra región.

Sin duda, este es el mayor logró que ha obtenido el Estado Argentino en materia de política exterior y reafirmación de nuestra soberanía sobre las islas Malvinas y del Atlántico Sur, desde la recuperación del orden democrático. Este logro, corresponde a la labor que se viene llevando a cabo desde mayo de 2003 por los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández, respectivamente, quienes sin utilizar tácticas “malvinizadoras” demagógicas y chauvinistas que apuntan siempre a otros fines, vienen desarrollando pasos firmes y claves para recuperar nuestras islas y reconocer, dignificar e incluir a nuestros ex combatientes en la comunidad, con una estrategia superadora de controversias en un proceso que intentaremos sintéticamente desarrollar.

Este 2 de abril se cumplió el 29° aniversario, del desembarco que diera origen a la contienda bélica denominada  “Guerra de Malvinas”.

A lo largo de estos años muchos fueron los posicionamientos frente al conflicto que se articularon tanto desde los distintos gobiernos como desde las fuerzas políticas y sociales, y muy especialmente las del campo popular. Estas posiciones recorrieron un camino que fue desde el apoyo acrítico de la supuesta “Gesta de Malvinas”, basado esencialmente en el derecho soberano de nuestro país sobre las islas y el reconocimiento al heroísmo del ejercito, hasta el repudio total, que denunció la manipulación de una dictadura genocida en retirada y que tuvo como victimas a nuestros jóvenes soldados y como victimarios a la oficialidad que debía conducirlos en combate.

Entre esos extremos los militantes del campo popular siempre intentamos sostener posiciones que permitieran, al mismo tiempo, reafirmar el inalienable derecho a la Soberanía Argentina sobre las Islas, expresar nuestro respeto y homenaje a los hijos de nuestra tierra que dieron su lucha, su sangre, y en muchos casos su vida, en aquellos combates y, a la vez,  mantener la denuncia y el repudio a la aventura temeraria de un grupo de generales trasnochados, que garantizaban su poder opresivo sobre nuestro pueblo a fuerza de sangre y fuego y que, en plena decadencia, veían como tabla de salvamento de su dictadura genocida, la irresponsable intentona bélica.

Sin embargo los sectores populares no hemos podido estructurar un relato que permita contemplar la complejidad de la “cuestión Malvinas”.

Creemos que el inconveniente central en esta tarea radica en haber caído en la trampa montada por los Galtieri, Menéndez y los civiles que los acompañaron que pretendieron convencernos que la Soberanía territorial podía separarse de la Independencia Económica y la Justicia Social.

Para salir de esta trampa debemos resaltar, que desde una concepción de masas, la Soberanía sólo puede entenderse como Soberanía Popular, es decir como el derecho irrenunciable e inalienable de los pueblos a ser protagonistas de su propio destino, como individuos, pero esencialmente como colectivo, como pueblo nacional.  Desde esta perspectiva,  nunca una acción planificada y dirigida por quienes encarnaron el más cruel y sangriento ataque a nuestras masas populares desde los tiempos de la conquista, puede constituirse en bandera de soberanía nacional.

También debemos entender que de ninguna manera puede pensarse en un proceso de afirmación de la Soberanía Popular que no contemple la Justicia Social, porque quien no goza de los derechos esenciales que le permitan atender a sus necesidades materiales básicas, inmerso en una sociedad fragmentada,  no podrá gozar una existencia digna, libre,  realizadora y por ende soberana.

La historia de nuestro país y de nuestro continente nos demuestra que no es posible aspirar a una comunidad en la que se realice el ideario de la Justicia Social sin partir de la base de la Independencia Económica. Esto ha quedado demostrado con el proceso de desmantelamiento del Estado y sometimiento opresivo de la clase trabajadora que se inició en nuestro país 1955 con el derrocamiento del Gral. Perón y que conjugó la masacre de los militantes populares, con la persecución política, la proscripción partidaria, la pauperización de las condiciones de vida de nuestro pueblo y, la extranjerización de la economía entregada al capital trasnacional. En definitiva, con la abdicación constante en cuanto al rol soberano de la Argentina frente al mundo.

Si abrimos la mirada, contemplaremos que este fenómeno no sólo ocurrió en nuestra patria, pues formó parte de un proyecto comandado por las potencias imperiales hegemónicas que encontró como aliados y ejecutores a los sectores oligárquicos y cipayos de todos los países de nuestra América Latina, y que culminaron en las dictaduras sangrientas del cono sur.

Argentina nunca fue, ni es un territorio aislado del resto de nuestro continente, a pesar que gran parte de la intelectualidad que configuró nuestra historia oficial así lo pregone.

El concepto de Soberanía Política desde esta visión cobra entonces su real dimensión si la entendemos en clave integradora: Soberanía Política es Soberanía Nacional, es Soberanía Regional y, por sobre todas las cosas, es Soberanía Popular.

Esta perspectiva es la que desde una mirada latinoamericana permitió que en la última cumbre del Grupo Río los países de América Latina y el Caribe, emitieran una “DECLARACIÓN SOBRE LA  CUESTIÓN DE LAS ISLAS MALVINAS”.

Esta declaración, sin embargo, no fue emitida en el vació, ni como concesión aislada, ni en una coyuntura parcializada. Por el contrario, se articuló estratégicamente en una cumbre que abordó temas tales como Crisis financiera internacional, Comercio, Energía, Integración física en Infraestructura, Ciencia y tecnología, Desarrollo Social , Programas sociales y erradicación del hambre y la pobreza, Seguridad alimentaría y nutricional, Educación, salud y servicios públicos, Migraciones, problemas de Género, Desarrollo Sostenible,  Cambio climático y Desastres Naturales,  Derechos Humanos, Asuntos de Seguridad, el Problema Mundial de las Drogas, el Terrorismo y la Cooperación Sur-Sur, como puntos de una agenda destinada a avanzar en la urgente integración latinoamericana como vía ineludible hacia la Independencia Económica y la Justicia Social, es decir hacia la Soberanía Popular.

Los inicios de este milenio, encuentran en nuestra región un momento histórico estratégico para hermanarnos como bloque ante el mundo, a pesar de las pequeñas diferencias que pudiéramos tener como estados.  El proceso abierto a partir de los triunfos de Hugo Chávez, Lula Da Silva, Rafael Correa, José “Pepe” Mugica y especialmente de Evo Morales, fue captado y motivado inteligentemente por  el gobierno de Néstor Kirchner, primero, y de Cristina Fernández, ahora, insertándose y poniéndose a la vanguardia de la integración latinoamericana, pues con ella se potencian las posibilidades de avanzar en el fortalecimiento de la Independencia Económica que funcione como base de la Justicia Social.

Resulta evidente entonces,  que en el Siglo XXI ya no es posible plantear un camino de Independencia Económica y Justicia Social que no este basado e integrado al proceso latinoamericano, porque no hay posibilidades de un desarrollo antiimperialista fructífero si no es en la construcción de la Patria Grande con que soñaron San Martín, Artigas, Bolívar y el Che.

Estamos convencidos que la continuación de este proceso de integración latinoamericana y la profundización de las políticas populares que se vienen llevando a cabo para ampliar los márgenes de ciudadanía real y mejorar las condiciones de los sectores más postergados de nuestra sociedad, consolidarán más y más la Soberanía popular, herramienta fundamental con la que más temprano que tarde recuperaremos el territorio de nuestras islas, nuestra independencia y grandeza ante el mundo y, finalmente honraremos la vida de aquellos que murieron y dignificaremos la vida de los que volvieron y lucharon con hombría de bien por nuestra Patria.

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