Des Haciendo Buenos Aires

Otra vez la desidia y la falta de controles reales han cobrado víctimas jóvenes. Dos asistentes al local Beara, en la zona de Palermo, perdieron la vida por el solo hecho de confiar en lo esperable: pasar un buen momento en un lugar habilitado y sin riesgos.

No alcanza para defensa echarle la culpa a la “fatalidad”, exhibir que formalmente las inspecciones se realizaron, que los inspectores eran pocos y no pudieron controlar el mal uso de la instalación, el exceso de gente, la resistencia de la edificación, que el local había sido clausurado en dos oportunidades por desvirtuación de uso. Justamente con esos antecedentes es el Estado el responsable de proteger activamente a los ciudadanos de quienes buscan sin límites su máxima ganancia y violan lo pautado como riesgo permitido.

La tardía reacción de la supuesta especialista Agencia Gubernamental de Control recién ahora tomó nota de la posibilidad de que esto pudiera estar sucediendo en 110 locales más (ni siquiera consultaron Internet para ver cómo se promocionaban).

Ya no sorprenden los derrumbes cotidianos con víctimas fatales. La otra vez, un gimnasio, y la lista sigue.

Las topadoras avanzan y trepanan el suelo de esta ciudad, donde las viejas fachadas de nuestro patrimonio se valoran sólo por sus terrenos que se miden en FOT. En el descontrol de las excavaciones los vecinos contiguos sufren a diario la roturas de cables eléctricos y caños de agua, agrietamiento y caída de medianeras y pisos, y ruidos molestos en sus días y horarios de habitual descanso.

Ni siquiera los domingos se respetan cuando las hormigoneras abusan de su escasez en el mercado a la hora de dar los turnos sin límites horarios. Las empresas tercerizadas de servicios públicos destruyen las veredas que muchos vecinos pagaron de sus bolsillos antaño para embellecer sus frentes, las tornan inseguras, y ninguna autoridad se hace responsable de reclamar de oficio la reparación y sólo interviene ante la denuncia de algún damnificado.

Sin embargo, las efectividades de los controles son directamente proporcionales a sus capacidades recaudatorias y a la vulnerabilidad de los infractores. Cinco minutos mal estacionados y una grúa ya se llevó el auto, tres kilómetros excedidos y se activa la fotomulta, un cerramiento o techado fuera de los planos autorizados y los satélites lo registran. Hasta se ha llegado a cobrar un plus de ABL por estar cerca de una boca de subte cuyo itinerario proyectado no llegó ni siquiera a la mitad de la construcción que quedó paralizada por la subejecución de fondos presupuestados.

Tampoco existen informes publicados del impacto ambiental y de cimientos producidos por las excavaciones de los túneles y varios propietarios ya advirtieron agrietamientos nuevos en sus paredes. Pero en los estadios de fútbol se paga a miles de personas con camisetas amarillas para que salten al unísono y poder medir sus resistencias para nuevos recitales.

Las obras públicas se realizan desmedidamente sobre lugares y objetos innecesarios porque son redituables. Plazas que exhibían con orgullo sus amplios espacios verdes fueron cubiertas de rejas y cemento por montos increíbles, sacrificando en ocasiones lugares de esparcimiento para los niños. Carriles exclusivos para ciclistas fantasmales han obstruido las pocas calles de salida para los miles de automovilistas que circulan día a día y fueron vedados de circular por las avenidas con actuales doble mano, pese al informe negativo del CESVI. Algún osado circula los domingos por recreación –no tardará en llegar una publicidad para mostrar lo contrario–. Las calles y avenidas más visibles son cortadas con carteles de propaganda amarilla, reutilizando el asfalto con procesos que le dan poca duración para que en menos de dos años continúe la obra pública de exhibición.

Mientras tanto, los techos y las cornisas de las escuelas caen sobre los alumnos, que estudian en condiciones edilicias paupérrimas, sin sistemas de refrigeración y calefacción adecuados, y son identificados en “listas negras” cuando hacen reclamos. Ni mencionar los derechos laborales vulnerados de los trabajadores de la educación. No nos olvidemos que el centro de espionaje porteño funcionó dentro de ese ministerio.

¿De esto se tratan, con sugerentes nombres, el Programa “Salí Seguro” (SS) y el Programa Integral de Seguridad (PIS) de Macri sobre los vecinos?

Todo se condice con la promesa de campaña que decía que iba a estar bueno Buenos Aires. Incrédulos aquellos que no se preguntaron para quién.

Publicado en el Periódico Buenos Aires Económico 21/09/2010
http://www.infonews.com/nota.php?id=107266
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