El Estado se hace cargo de lo que en la década del ’90 estaba en manos del mercado

Próximo a cumplirse un año de la modificación de la ley de riesgos del trabajo nos encontramos ante diferentes escenarios.

Entiendo que, analizada en forma objetiva, nos encontramos ante una evolución de la norma respecto del aumento de las indemnizaciones para los trabajadores, quienes anteriormente requerían de plazos más extensos que los actuales para percibir los montos correspondientes.

Hoy el obligado al pago tiene un plazo de 15 días, una vez notificado, para poner el dinero a disposición del trabajador o sus derechohabientes y en un único pago. Asimismo los valores indemnizatorios no sólo han sido elevados a partir de la reforma sino que también se ajustan de forma automática y semestralmente conforme la variación del índice RIPTE (Remuneraciones Imponibles Promedio de los Trabajadores Estables). Ello sin perjuicio de la percepción por parte del trabajador, a partir de la reforma, de una indemnización adicional que se percibe junto con el monto actualizado, equivalente al 20% de esa suma.

Regular a las Aseguradoras de Riesgo de Trabajo hace que el Estado comience a hacerse cargo de lo que en la década del ’90 había dejado en manos del mercado, los beneficios de la seguridad social.

El transcurso del tiempo, si continuamos apoyando este proyecto, hará que la ley evolucione a favor de los intereses de la clase trabajadora, pero a casi un año de su aplicación nos encontramos con un trabajador más protegido, en principio, en lo que hace a los montos indemnizatorios.

Ahora debemos emprender, para protegerlo aun más, ampliar la lista de enfermedades profesionales, avanzar sobre las empresas en el mejoramiento y aplicación de las normas de seguridad, evitando de este modo una gran cantidad de accidentes laborales y multar a las mismas por el incumplimiento de tales medidas. Resta por parte de las empresas la capacitación constante del trabajador como así también la participación de este en la definición de las normas de seguridad e higiene, ya que es quien está en contacto permanente con el riesgo. Todo esto redundaría en beneficios para el trabajador respecto de su salud y seguridad y en beneficios para el empleador respecto de la jerarquización y capacidad de sus empleados como así también, evitar erogaciones por la merma de accidentes de trabajo.

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