El nuevo libro de Zaffaroni

¿Cuál es la palabra que la criminología ha mantenido en silencio, desde su origen hasta nuestros días?
Es la pluma de Raúl Zaffaroni la que abre las cerraduras, descorre con naturalidad todos los velos, nos pone cara a cara con la palabra de los muertos. Nos remonta a los orígenes, recordando que la criminología se inauguró en Europa “ofreciendo al neocolonialismo un discurso legitimante basado en la inferioridad de los colonizados por su parecido con los criminales europeos”, que “reforzó los prejuicios estéticos sintetizados en el estereotipo criminal, postulando con las policías la peligrosidad sin delito para reprimir arbitrariamente a la marginalidad urbana molesta” y que “racionalizó la necesidad de eliminación o segregación de los enemigos sociales y, además, no contenta con ello, también patologizó a los disidentes políticos”

La palabra de los muertosDesde su escritura sencilla y amena vemos cómo fueron estigmatizadas las multitudes (en multitud se atrofia el cerebro), los innovadores (su patología es la degeneración), las mujeres (pretendiendo demostrar su inferioridad) y, por supuesto, los pobres (¡imagínense qué suma de patologías intolerables pudo ver el pensamiento positivista en aquel 17 de octubre de 1945!). Desde los propios escritos de los autores positivistas, Raúl Zaffaroni consigue hacer visible lo invisible, como bien señala Juan Gelman en el prólogo del libro.

Lejos está su amenidad de ser un pintoresquismo al rescate de curiosidades de un pasado lejano. Nos muestra el debate, la evolución del pensamiento criminológico, pero no sólo en aquellas puertas que siempre permanecieron abiertas. Porque es cierto que la evolución del derecho penal marca la consagración de un conjunto de principios destinados a preservar la libertad del individuo y desistir de buena parte de esas patologizaciones con el reconocimiento de la universalidad de los derechos como base. Pero también son ciertas las otras puertas, aquellas a las que la criminología, herramienta del ejercicio del poder punitivo orientado desde los países centrales, mantuvo bajo llave.
Tras ellas están los millones de muertos, cuya palabra Raúl Zaffaroni rescata. Son las víctimas de matanzas que estuvieron decididamente excluidas del discurso criminológico, como la Shoah, el genocidio armenio, las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, los genocidios neocolonialistas en África, la rusificación stalinista o las desapariciones y muertes en aplicación del terrorismo de Estado.

El encargado de impedir y de penar las muertes se sustrae a las reglas y a las penas aplicables a quienes las violan y se reserva el derecho a matar sin más límites que su capacidad operativa de exterminio y su propia discrecionalidad. Ese comportamiento es naturalizado, se halla al margen de la discusión posible, está excluido de lo que Chomsky denomina el debate permitido.

Junto a las palabras de esos muertos, están las de otras víctimas, las que mueren por goteo, como los ejecutados sin proceso, los torturados, los asesinados en cárceles, las víctimas del uso irresponsable de las armas de fuego, los terceros muertos en tiroteos, las víctimas de delitos violentos en zonas liberadas. Ese goteo es resultado de la aplicación de un derecho penal cuya selectividad se ve agravada y profundizada por el discurso punitivo de la criminología mediática, siempre dispuesta a instalar como único peligro a los desvalidos de la sociedad.

Reflexiona entonces acerca de las razones que hacen que la vigencia del discurso no consiga ser mellada, para ponernos cara a cara con el elemento irracional en que se apoya el edificio del poder punitivo: la venganza, de cuya manipulación se vale el poder para legitimar las peores masacres. La venganza y el miedo.

Lo imagino en su biblioteca, yendo a las fuentes mismas, revisando con pasión esas obras perdidas y olvidadas, y por un instante me siento abrumado frente a la vastedad de lo que él ha leído y estudiado, para luego volver a confirmar, en las páginas del libro, que su erudición no es ostentosa ni vana, sino el amplísimo sustento desde el cual es capaz de poner luz sobre lo que no se ve o no se quiere mirar.

Algún positivista se dedicaría a intentar explicar alguna temible patología que afecta a su cerebro. Nosotros preferimos darle las gracias, por ayudarnos a comprender cómo las construcciones jurídicas del presente se asientan sobre la irracionalidad, para seguir eligiendo como víctimas y enemigos a los más débiles, a los que están en el margen.

Publicado en Tiempo Argentino el 03/05/2011
http://tiempo.infonews.com/notas/nuevo-libro-de-zaffaroni 
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