La dimensión del engaño (Mauricio Macri, Duran Barba y la campaña sucia contra Filmus)

Jaime Duran Barba, consultor en cuestiones electorales y otras variopintas del jefe de gobierno porteño Mauricio Macri, deberá presentarse ante la jueza electoral María Servini de Cubría en el marco de la denuncia que le efectuara el ex candidato a alcalde porteño por el Frente para la Victoria, Daniel Filmus.

Duran Barba y sus socios implementaron falsas encuestas telefónicas, conducta que constituiría violación al artículo 140 del Código Electoral Nacional, que reprime “al que con engaños indujere a otro a sufragar en determinada forma o a abstenerse de hacerlo”.

Concretamente, desde las oficinas de los socios del asesor ecuatoriano, se dispararon llamados mendaces que interpelaban al elector “preguntando” si sabían que el padre del senador, Salomón Filmus, era un arquitecto que trabajaba para Schoklender. Y remataban el llamado diciendo: “Ahora que usted sabe esto, ¿lo votaría?”

Para determinar la responsabilidad penal que cabe a quien es acusado de un fraude, idea que en su acepción más amplia cabe aplicar por el ardid que implica la falsa información que se utiliza en el caso, es importante la entidad del engaño, es decir, si la mentira está dotada de elementos tales que puedan hacer caer en error al receptor de la misma: en el caso, el votante porteño, ni más ni menos que en la elección a jefe de gobierno, y es sabida la influencia de las sugerencias supuestamente independientes que tienen las encuestas en los ánimos electorales. Y Duran Barba como técnico avezado en la materia lo sabe mejor que nadie. Sin embargo, los componentes de la denuncia del senador Filmus conmueven no sólo a los resortes de la justicia electoral y federal, sino a uno de los mecanismos fundamentales donde pivotea la continuidad democrática: el voto.

De ahí la dimensión del engaño en el caso de Duran Barba. De ahí la gravedad por los efectos de la mentira. Porque la falsa encuesta no mentía sobre la edad o el color preferido del candidato por el FPV: se lo relacionaba íntimamente con Schoklender, quien por entonces alcanzaba el cenit de la mala fama a partir de la investigación por fraude y lavado de dinero. No es inocente la pretendida relación con el adversario electoral a la que induce la encuesta, ni inocuas sus consecuencias.

Mauricio, que sigue siendo Macri, con su compulsión al veto de leyes votadas aun por los representantes de su espacio en la Legislatura, con sus tarifazos desbocados, con sus empleados pegándoles a los que viven en la calle y sus jefes de policía cuestionados, accede nuevamente a la Jefatura del Gobierno porteño. ¿Hubiera sido así sin aquella encuesta? Claramente nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que la encuesta existió porque muchos de nosotros la escuchamos desde nuestros hogares porteños; sabemos que salió de las oficinas de los socios locales de Duran Barba porque así lo revelan las pericias realizadas sobre las computadoras secuestradas en los allanamientos ordenados por la jueza federal.

Y también sabemos que Macri nunca se enfrentó en un debate al candidato Filmus. Y está claro que para minar la credibilidad del senador estaba presto su principal empleado con una siniestra maquinaria propagandística que no reconoce límite alguno en su empeño por hacer las delicias de su empleador, financiada con los recursos públicos de seis suculentos contratos con el gobierno de la Ciudad.

La conducta que se endilga a Duran Barba es grave porque se trata de un burdo engaño pero con la entidad suficiente para hacer dudar a más de un desprevenido. Porque el engaño se aclara antes o después, pero el daño ya está hecho. No sólo al candidato Filmus, sino a todo un sistema en el que el votante debe confiar, porque si deja de confiar, el sistema entero va perdiendo sentido; entonces no es únicamente la credibilidad de Filmus la que se vio comprometida. Y necesariamente la legitimidad del ganador, cuyos colaboradores se valen de argucias como esta, compromete “la salud de la democracia”, cuestión a la que paradójicamente el triunfador de aquellas elecciones se muestra tan afecto en cada una de sus declaraciones.

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