Las Malvinas son Argentinas. Voces del Pueblo

por Sergio Carciofi (integrante de AJuS)

No es la primera vez en la historia que intelectuales y políticos argentinos manifiestan posturas que atentan contra la soberanía territorial de nuestro país.

Domingo F. Sarmiento, en su estadía en Chile, llevó adelante una decidida campaña para que los chilenos ocuparan la Patagonia. Su encono y desprecio a la figura de Juan Manuel de Rosas, justificó hasta la entrega a manos extranjeras el territorio nacional si eso servía, además,  para molestar, vapulear y dañar al gobierno popular de Rosas.

El sanjuanino, a partir de 1842 escribió en los diarios chilenos que “Para Buenos Aires el estrecho (de Magallanes) es una posesión inútil. Entre sus territorios poblados median los ríos Negro y Colorado como barreras naturales para contener a los bárbaros, median las dilatadas regiones conocidas bajo el nombre de Patagonia, país ocupado por los salvajes y que ni la Corona de España ni Buenos Aires han intentado ocupar hasta hoy, si no es por el establecimiento siberiano que lleva aquel nombre y situado a centenares de leguas del Estrecho.

Quedaría saber aún, si el titulo de erección del Virreinato de Buenos Aires expresa que las tierras del Sud de Mendoza y poseídas aún hoy por los chilenos entraron en la demarcación del virreinato, que a no hacerlo, Chile pudiera reclamar todo el territorio que media entre Magallanes y las provincias de Cuyo.” Sarmiento alentaría a la ocupación chilena de la Patagonia preguntándose: “¿Queda duda después de todo lo que hemos dicho sobre la posibilidad de hacer segura la navegación del Estrecho y de establecer allí poblaciones chilenas?” Luego incita a Chile decididamente a que abandonen su inacción y les pregunta qué esperan: “¿Aguardar que de las Islas Malvinas venga un inglés y levante una cabaña en el Estrecho y nos diga, ya la Inglaterra está en posesión? (Pacho O´Donnell, 2009)

Como consecuencia del apoyo de Sarmiento en sus publicaciones en el diario El Progreso, Chile ocupa el territorio argentino del Estrecho de Magallanes en setiembre de 1843. El gobierno de Julio Argentino Roca reconocería esos derechos (J. M. Rosa 1981)

Sarmiento en Recuerdos de Provincia reivindicará que, gracias a sus escritos publicados, Chile pudo quedarse con territorio argentino: “La ocupación de Magallanes ha salido de los trabajos de El Progreso”, decía vanagloriándose. (Galvez, Manuel. 1957)

Hoy Sarmiento es el padre de la educación argentina (a pesar que el verdadero hacedor de la reforma educativa fue su ministro de educación, Nicolás Avellaneda) y su himno y figura es tan conocida como el de San Martín.

Por el mismo año, 1843, otro argentino dispuesto a entregar la soberanía argentina al mejor postor, fue Florencio Varela, director del diario El Comercio del Plata que se publicaba en Montevideo para hostigar el gobierno popular de Rosas y sus posición tenaz en defensa de la soberanía argentina (vale recordar que la extensión de nuestro territorio se la debemos en gran medida al Restaurador de las Leyes)

Varela, en representación de las relaciones exteriores de Montevideo, llevó adelante la misión para convencer al “gobierno de S. M. Británica (…) que lleve a efecto, bien por sí o en unión con S. M. Cristianísima (Luis Felipe) la intervención armada para arribar al término de la guerra”, esto según el objeto del nombramiento.

“En concreto, los fines de la misión de Varela fueron cuatro: a) apurar la intervención armada inglesa, o anglo-francesa si así lo quisiese el gabinete británico, b) separar Entre Ríos y Corrientes de la Confederación Argentina constituyéndolas en un nuevo estado bajo la protección inglesa, c) establecer la libre navegación del Plata y sus afluentes, y d) garantizar definitivamente la paz, con la intervención permanente de Inglaterra en los Estados del Plata.” (Rosa, José María. 1981)

El gobierno inglés, por intermedio del canciller Aberdeen, le hizo saber a Florencio Varela que no se mezclaba en disputas nacionales y que “no necesitaba promotores ni alicientes para trazar y desenvolver su política internacional”. El comisionado argentino malhumorado escribirá en su diario: “La Inglaterra no conoce sus propios intereses”  (Rosa, José María. 1981)

Florencio Varela, quien a su juicio conocía y defendía mejor los intereses ingleses que los mismos ingleses, es recordado diariamente por todos nosotros gracias a que un partido de la provincia de Buenos Aires lleva su nombre.

Otra misión del mismo tenor fue el ofrecimiento de Carlos de Alvear, director supremo del Directorio, para que las Provincias Unidas del Río de la Plata sea colonia inglesa. La carta enviada por medio del secretario de consejero de Estado, Dr. Manuel José García, al embajador británico en la corte portuguesa, Lord Strangford, y al Ministro de Relaciones Exteriores inglés, Lord Castlereagh, decía: “Estas provincias desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer a su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso. Ellas se abandonan sin condición alguna a la generosidad y buena fe del pueblo inglés, y yo estoy dispuesto a sostener tan justa solicitud para librarlas de los males que la afligen. Es necesario que se aprovechen los momentos. Que vengan tropas que impongan a los genios díscolos, y un jefe autorizado del Rey y de la Nación, a cuyos efectos espero que V. E. me dará sus avisos con la reserva y prontitud que conviene para preparar oportunamente la ejecución”.

El monumento más importante y la calle más paqueta de la ciudad de Buenos Aires, hoy lucen su figura y nombre.

Podríamos recordar también a los responsables del crédito a Baring Brothers, del pacto Roca-Runciman, del apoyo al lobbista estadounidense Spruille Braden para evitar que el pueblo trabajador lleve a Perón al poder….

Pero es mejor que volvamos a ocuparnos de nuestro destino como lo hicieron los negros del ejército libertador de San Martín, los héroes de la Guerra de Zapa, Belgrano, Monteagudo, Dorrego, Juan Manuel de Rosas contra el bloqueo anglo-francés y en la Vuelta de Obligado, Felipe Varela, López Jordán que se negó junto con sus entrerrianos a luchar contra los hermanos paraguayos en la guerra de la triple infamia…, entre miles aún silenciados por la historia oficial.

Muchos de ellos no tienen su nombre en las calles, en especial Rosas, pero permanecen en los corazones del pueblo que se enorgullecen cuando aprenden y conocen sus historias y sacrificios para darle a la Argentina su nacionalidad.

Los otros son los mismos de siempre, los menos. Los que aún con su decidida vocación “cipaya” no pudieron evitar la constitución de un país soberano y libre. Son los que, aquí y ahora, otra vez en nombre de una argentinidad que reniegan, como otrora Sarmiento, Varela y Alvear, los que en nombre de la  “intelectualidad” que siempre está dispuesta a prestar su pluma a los intereses foráneos y entreguistas de lo nuestro, instan a “abdicar de la intención de imponerles una soberanía, una ciudadanía y un gobierno” a quienes el 3 de enero de 1833 ocuparon, en forma sorpresiva y violenta, a las autoridades argentinas legítimamente constituidas en nuestras Islas Malvinas.

Estos intelectuales deberían ya saber (lo saben, eso es lo temible y atroz) que una NACIÓN SOBERANA no “abdica” (según el diccionario de la Real Academia Española –justamente-, la primer acepción es: Dicho de un rey o de un príncipe: Ceder su soberanía o renunciar a ella.), defiende siempre los DESEOS DE SU PUEBLO.

Tal vez hayan olvidado (o no quieran recordar) que hace ya doscientos años que la Argentina se liberó de todo yugo monárquico.

Hubo un tiempo en que intelectuales y doctorcitos nos hicieron olvidar quienes eran nuestros verdaderos próceres y patriotas, no dejemos que nos engañen otra vez.

Comentarios Cerrados